La construcción tradicional se encuentra en un callejón sin salida. La ineficiencia crónica, la acuciante falta de vivienda y una huella de carbono difícil de justificar nos obligan a mirar hacia soluciones que no solo sean sostenibles, sino tecnológicamente superiores. Aquí es donde entra la madera industrializada, particularmente el CLT (la madera contralaminada). No estamos hablando de una vuelta romántica a las cabañas del pasado, sino de una soberanía industrial de vanguardia. Como especialista en arquitectura sostenible, tengo claro que no es solo un material: es el software estructural del siglo XXI.
A continuación, desgrano las realidades que están moviendo los cimientos del sector inmobiliario en nuestro país.
1. La infraestructura ya está aquí: España como potencia de CLT
A menudo escuchamos que la madera es el futuro, pero la realidad es que el músculo industrial ya está presente en nuestro territorio. España cuenta actualmente con tres grandes centros productivos de CLT en funcionamiento. Las cifras revelan que en 2026 tendremos una capacidad productiva teórica de 161.000 m³.
Para ponerlo en perspectiva, el mercado mundial se mueve en los 3 millones de m³. España ya no es un espectador; ha invertido en tecnología que otros países ya han validado. Sin embargo, tener la fábrica no es lo mismo que producir al máximo rendimiento. Estamos en el momento de empezar a caminar, de engrasar la maquinaria.
2. El mito de la madera nórdica frente a la madera local
Hemos vivido demasiado tiempo bajo la sombra del mito nórdico, asumiendo que la madera de calidad debía venir obligatoriamente del norte de Europa. Es hora de romper ese prejuicio con datos técnicos. Los análisis de desempeño mecánico han revelado una realidad incontestable: la madera de nuestros bosques (Cataluña y el interior peninsular) es excelente.

Debido a nuestras condiciones climáticas y ritmos de crecimiento, el material local no solo iguala, sino que a menudo supera las prestaciones técnicas de la madera escandinava. Apostar por madera de proximidad (Km 0) no es solo un gesto ético o ecológico; es una decisión de ingeniería inteligente que refuerza nuestra soberanía industrial y aprovecha un material tecnológico de primer nivel que crece en nuestro propio patio trasero.
3. Construir edificios para salvar el mundo rural: Un círculo virtuoso
Construir con madera industrializada supone un descubrimiento macroeconómico revolucionario: es un mecanismo directo de transferencia de riqueza de la ciudad al bosque. Es lo que llamamos el “círculo virtuoso”. Al levantar un edificio en un entorno urbano con materiales locales, el dinero de esa inversión retorna directamente a la gestión del territorio.
Si no gestionamos nuestros bosques, se convierten en un problema territorial: riesgo de incendios, abandono y pérdida de biodiversidad. Al integrar la madera en la cadena de valor de la construcción, financiamos una gestión rural que hoy está olvidada. Estamos transformando un problema potencial en un activo económico que reactiva las zonas rurales más desatendidas.
4. El choque de mentalidades: Fabricar coches vs. Construir casas
El mayor obstáculo para la industrialización no es el material, ni siquiera el coste monetario; es la disciplina del diseño. La industrialización no es una máquina, es una metodología. El sector de la construcción debe mirarse en el espejo de la industria automovilística.
En una fábrica de coches, el fabricante dicta las reglas y el proceso es sagrado. En la construcción, intentamos aplicar una lógica industrial (just-in-time) a un proceso que sigue siendo caótico y artesanal en su concepción.
Para que la madera triunfe, debemos dejar de “hacer obras” y empezar a “proyectar productos”. La industrialización exige que el diseño esté cerrado y sea preciso desde el primer minuto, eliminando la improvisación que mata la eficiencia.
5. El punto de no retorno: “Si lo prueban, no podrán volver”
Existe una certeza absoluta entre quienes ya han dado el paso: el sistema de madera industrializada es objetivamente mejor que el tradicional. No solo resuelve la falta de mano de obra cualificada en las obras, sino que ofrece una precisión milimétrica y una rapidez de ejecución que el hormigón no puede alcanzar.
Como expertos, nos sobran argumentos técnicos para convencer a los promotores, pero el verdadero cambio ocurre cuando se vive el proceso. Una vez que un profesional experimenta la limpieza, la velocidad y la calidad de entrega de un edificio de CLT, la vuelta al ladrillo y al caos de la obra convencional se vuelve impensable. Nuestra responsabilidad ahora es garantizar que toda la cadena de valor (logística, diseño y montaje) responda a esas altísimas expectativas.
UN SECTOR A LA ALTURA DE SUS BOSQUES
El futuro de la edificación en España está ligado a la escala de nuestra ambición forestal. Mi abuelo decía una gran verdad: “Grandes bosques, gran empresa; pequeños bosques, pequeñas empresas”. Si logramos consolidar este sector, no solo tendremos empresas más fuertes y competitivas, sino que garantizaremos una gestión forestal robusta que proteja nuestro patrimonio natural.

Estamos ante una oportunidad histórica de dejar de ser depredadores del entorno para convertirnos en parte de su ciclo vital. La infraestructura está lista, la madera local es excepcional y los argumentos son imbatibles.
La pregunta final es para los promotores y arquitectos: ¿Estamos preparados para abandonar el caos del pasado y empezar a construir con la inteligencia y la disciplina que el futuro nos exige?
Ignasi Caus Angles es Director General de TALLFUSTA, Vicepresidente de la Associació Catalana de la Fusta Estructural (AFE) y miembro de la Junta Directiva del Gremi Fusta i Moble

MASTERCLAS.
Estem en el coménsament del futur.
FELICITATS.
RAMON