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La doble falacia de la construcción: Por qué insistimos en construir sobre suposiciones que ya no se sostienen

WOODEA analiza las dos vertientes de esta doble ficción.

La mayoría de los proyectos de construcción de hoy nacen con un problema de base: se diseñan desde una ficción. Una ficción que asume que siempre habrá materiales disponibles, mano de obra cualificada y tiempo suficiente para hacerlo bien. Que el conocimiento experto se transmite solo. Que todo encajará como ha encajado siempre.

Pero esa realidad ya no existe. El sector ha cambiado, o más bien, ha sido empujado a cambiar, por fuerzas que ya no se pueden ignorar: crisis de suministros, emergencia climática, pérdida de talento técnico y una demanda creciente de vivienda eficiente y asequible. Y sin embargo, seguimos construyendo como si estuviéramos en 1995. Es hora de cuestionar esas suposiciones y actuar con herramientas del siglo XXI.

En Woodea las llamamos la doble falacia de la construcción. No son errores inocentes. Son suposiciones profundamente arraigadas que distorsionan la toma de decisiones, afectan a la rentabilidad de los proyectos y nos alejan, cada día más, de cualquier objetivo realista de sostenibilidad. Lo preocupante es que siguen ahí, operando en segundo plano, como si el sector no quisiera ver lo que ya es evidente.

Y sin embargo, no hay más margen para la inercia. Vamos a analizar las dos vertientes de esta doble ficción.

LA FALACIA DE ABUNDANCIA INFINITA

Durante décadas, la industria ha operado bajo la premisa implícita de que siempre habrá materiales, recursos y mano de obra suficientes. Si hacía falta más hormigón, más acero, más ladrillo o más cuadrillas de trabajadores, bastaba con pedirlo. Había disponibilidad, había precio, había respuesta. Pero eso ya no es cierto.

Los materiales están sometidos a una tensión logística global sin precedentes, la emergencia climática amenaza las cadenas de suministro y los costes se disparan. Las normativas medioambientales, cada vez más severas, son imprescindibles, pero no todos los materiales responden igual a esas exigencias. 

Además, vivimos en un planeta con límites claros. El Día de la Sobrecapacidad de la Tierra, que para España en 2025 llegó el 23 de mayo, señala que ya agotamos todos los recursos que la naturaleza puede regenerar en un año. Usamos materiales como si estuviéramos operando con 2,6 planetas, una práctica insostenible que subraya el desajuste entre las aspiraciones del sector y la capacidad finita del mundo natural.

A esto se suma un dato clave: cada año hay menos profesionales cualificados disponibles. La mano de obra especializada escasea, y la que hay es difícil de retener y llega con menos relevo generacional a la vista. La falta de predictibilidad en la contratación, junto con condiciones de trabajo que no siempre se adaptan a las nuevas realidades del mercado laboral, han hecho del talento técnico y la mano de obra de base un recurso cada vez más escaso.

Y todo esto ocurre en un momento en el que la demanda no deja de crecer: necesitamos más vivienda, mejor calidad constructiva, más rehabilitación, más eficiencia energética.

¿El resultado? Retrasos crónicos. Sobrecostes imposibles de prever. Incertidumbre operativa. Riesgos acumulados. Y una sensación, cada vez más extendida entre promotores, arquitectos y direcciones facultativas, de estar construyendo con una estructura de costes y plazos que se deshace en cuanto empieza la obra.

LA FALACIA DE LA TRANSMISIÓN AUTOMÁTICA DEL SABER

A la escasez de recursos se suma una pérdida menos visible pero igual de crítica: la ruptura en la transmisión intergeneracional de un conocimiento artesanal ligado al oficio y al uso de los materiales. Saber trabajar la ferralla, levantar una pared con precisión o ejecutar un buen encofrado eran habilidades que se aprendían en obra, de la mano de otros. Pero esa cadena de aprendizaje se ha debilitado en nuestros días hasta casi desaparecer.

Muchos de los jóvenes que entran al sector lo hacen sin referentes sólidos ni espacios adecuados para aprender con continuidad. Los oficios tradicionales han perdido atractivo. Las nuevas generaciones no ven futuro en un modelo que parece anclado en el pasado. Y los profesionales con experiencia, que podrían asumir un rol de mentores, rara vez tienen tiempo, contexto o condiciones para hacerlo.

¿La consecuencia directa? Una doble carencia: faltan manos y falta conocimiento. Esa combinación está detrás de muchos de los errores, retrabajos y conflictos que vemos en obra día tras día. Y tiene un coste enorme, tanto económico como ambiental.

Cuando se rompe la transmisión del saber, lo que se pierde no es sólo eficiencia, se pierde calidad, seguridad y, sobre todo, capacidad de mejora continua.

EL SECTOR SIGUE DISEÑANDO COMO SI NADA DE ESTO ESTIVIERA PASANDO

Lo más preocupante es que, pese a todo, muchos siguen operando como si estas falacias no existieran. Como si la disponibilidad de recursos y el traspaso de conocimiento estuvieran garantizados por defecto. Pero diseñar y planificar con esos supuestos equivocados sólo puede dar lugar a una cosa: proyectos que no se ajustan a la realidad.

Es aquí donde muchas buenas intenciones (eficiencia, sostenibilidad, reducción de plazos) se estrellan contra el muro de lo posible. Y es aquí también donde emerge el trilema que marca el presente y el futuro del sector: ¿cómo construir más viviendas, de forma más asequible, y sin seguir dañando el planeta?

Resolver dos de estas tres variables es posible. Resolver las tres al mismo tiempo exige cambiar el modelo.

EL MODELO WOODEA

En Woodea no operamos con las reglas obsoletas del pasado. Nuestra propuesta nace precisamente de entender que esas dos falacias ya no pueden sostener el futuro del sector. Por eso construimos con madera técnica, aplicamos metodología Lean, diseñamos procesos industrializados basados en Design and Build y trabajamos con tecnología BIM y una plataforma de producto propia como núcleo colaborativo del proyecto.

No es una utopía. Es una estructura de trabajo que ya está en marcha y que da resultados concretos:

  • Menores plazos gracias a un proceso coordinado, predecible y diseñado desde la eficiencia.
  • Menor huella de carbono al usar madera técnica como estructura y reducir residuos, transporte y emisiones.
  • Misma inversión, mayor retorno, porque el coste final se optimiza desde el diseño, evitando retrabajos y sorpresas.
  • Mayor calidad constructiva, al replicar soluciones validadas, mejorar continuamente y asegurar trazabilidad de cada componente.
  • Menor incertidumbre para promotores y equipos técnicos, que tienen acceso a información clara y compartida desde la fase inicial.

Esto no significa renunciar a la arquitectura ni a la identidad de cada proyecto. Al contrario. Significa que cada decisión se toma con más información, más rigor técnico y más compromiso con el resultado.

UNA INVITACIÓN A QUIENES QUIEREN FORMAR PARTE DEL CAMBIO

Este no es un manifiesto contra el sector, sino un llamado a quienes quieren transformarlo desde dentro. Promotores que buscan nuevas formas de garantizar el éxito de sus operaciones. Arquitectos que entienden que la belleza y la sostenibilidad no son conceptos opuestos. Y profesionales técnicos que ya no quieren ejecutar planos imposibles, sino formar parte de equipos coordinados, estables y con visión de largo plazo. 

Sabemos que hay mucha gente inteligente y capaz atrapada en estas mismas inercias, tratando de impulsar mejoras dentro de un sistema que no siempre lo permite. No es que tengamos todas las respuestas, simplemente tuvimos el privilegio de detenernos a observar, cuestionar lo establecido y empezar desde otro lugar.

Del mismo modo, no prometemos soluciones mágicas. Lo que ofrecemos es una metodología probada, una cultura colaborativa y un propósito compartido: hacer de la construcción una herramienta regenerativa, y no extractiva. Porque construir no debería ser un acto de desgaste, sino de cuidado. De futuro.

La doble falacia de la construcción ha marcado el rumbo de la industria durante demasiado tiempo. Pero no tiene por qué seguir siendo así. Sabemos que otro modelo es posible. Y lo que es más importante: sabemos cómo hacerlo.

Octavi Uyà
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