El bambú MOSO da nombre a la compañía. MOSO es una empresa pionera y líder mundial en soluciones de bambú para la edificación, tanto para interiores como exteriores.
Su reciente presencia en el Fórum Internacional de la Construcción con Madera en Pamplona tenía entre sus objetivos el de exponer las ventajas técnicas y ambientales del bambú; especialmente su alta durabilidad, su resistencia al fuego sin retardantes y su naturaleza como recurso rápidamente renovable y que fija CO2, su estabilidad y sostenibilidad… Todos ellos se cumplieron sobradamente.
Su estrategia pasa por posicionar el bambú MOSO como un material de construcción de alto rendimiento, sostenible y competitivo, especialmente en el creciente sector de la construcción en madera industrializada. Propulsándose con sus ventajas técnicas (durabilidad, estabilidad, resistencia al fuego) y medioambientales (recurso renovable, fijación de CO2, neutralidad de carbono, economía circular), que lo convierten en una alternativa muy atractiva, particularmente en aplicaciones exteriores.
Otras de las ventajas del bambú radica en que es un recurso natural que crece rápidamente (la variedad que emplea MOSO puede crecer más de un metro al día) y no genera deforestación, ya que sólo se recolecta entre el 20% y el 25% de la masa forestal. Es un “fijador de CO2 brutal” y con el fin de favorecer la economía circular, trabajan en la fabricación con bioadhesivos para que sus productos sean reciclables al final de su ciclo de vida.
Así lo puso de manifiesto a Madera Sostenible la directora comercial en España y Latinoamérica de MOSO, Sara Monge, quien confía en que “el aumento de la concienciación, las regulaciones futuras y el apoyo gubernamental impulsarán aún más el uso del bambú en la edificación”.
Si bien reconoce que todavía hay cierta resistencia cultural, admite en una entrevista a este medio una “creciente aceptación entre arquitectos y entre los profesionales del sector de la construcción”.
En MOSO creen en el potencial del bambú como “alternativa real”, enfatizando en su rápido crecimiento, la fijación de CO2 y en que representa un claro ejemplo de economía circular.
MOSO ha logrado desarrollar productos para exterior con prestaciones de durabilidad y estabilidad comparables e incluso superiores a las de las maderas tropicales. “El bambú MOSO es prácticamente inerte porque lo industrializamos y todas las lamas son similares”, remarca Sara Monge.
Así, con casi 30 años a la espalda, esta empresa busca aumentar su presencia en el sector de la construcción en madera industrializada, aprovechando el creciente interés en materiales sostenibles y las próximas regulaciones medioambientales.
“Somos el único material natural que tiene clasificación BS1 sin retardantes, es decir, no hay que mantenerlo con el tiempo –asegura Sara Monge-, ofreciendo hasta 25 años de garantía sin mantenimiento mecánico para nuestras soluciones de exterior”.
Su bambú ha alcanzado la clase de uso 4, que implica que puede admitir el contacto con agua dulce y más de 25 años a la intemperie sin cuidado. Y ya están testando la clase 5, la más alta, que supondría también admitir el contacto con agua salina. “Esperamos obtener la certificación clase 5 en aproximadamente 3 años y medio”, puntualiza la directora comercial de la compañía. Se trata de “un proyecto importante” que supone “un esfuerzo hacia la plena sostenibilidad y la economía circular”, subraya la portavoz de MOSO en el FMC 2025.
En MOSO observan que el miedo a este material por un prejuicio cultural se está perdiendo y “cuando se prueba y se aplica, el interés crece”, limando progresivamente su imagen de producto caro o elitista. “Muchos arquitectos de renombre ya son fans de MOSO y utilizan nuestros productos”, subraya nuestra entrevistada.
MOSO está en el mercado español desde 2009. La filial más grande de la compañía a nivel mundial se encuentra en Barcelona y desde aquí atienden los mercados del resto de España, Francia, Sur de Europa, Latinoamérica y Oriente Medio.
Entre sus proyectos de futuro figura el de obtener la certificación de clase de uso 5 para aplicaciones en contacto con agua salina, incluido el sector náutico, y desarrollar productos con bioadhesivos para lograr una reciclabilidad total y avanzar hacia la economía circular.
