Cuando pensamos en Cataluña, la imagen que suele venir a la mente es la de una costa mediterránea, con su clima suave y su vegetación característica. Sin embargo, existe otra Cataluña, una que a menudo se pasa por alto desde las grandes ciudades. Es un territorio de extremos que los romanos bautizaron como ‘territori de foc i neu’ —territorio de fuego y nieve— al observar desde la lejanía los incendios naturales del verano y las cumbres nevadas del invierno. Este es el Pirineo catalán. Foto principal: Divulga UAB ©Andreas Gaertner.
En una época marcada por la sequía, la necesidad de viviendas sostenibles y la urgencia de revitalizar las economías locales, los bosques de esta región ofrecen soluciones viables si se gestiona desde el sentido común.
Estas montañas tiene un impacto directo en la vida de todos; desde el agua que llega a los grifos de millares de hogares, hasta los materiales con los que se podría construir muchísimas casas.
Sergi Sebastia, director comercial de FUSTES SEBASTIA, desveló en el 7º Congrés FUSTA CONSTRUCTIVA, ante un público entregado, el potencial que ofrecen los bosques pirenaicos y su madera, avalado por la experiencia de quienes trabajan allí a diario.

EL PIRINEO ES UNA BIORREGIÓN, QUE PRODUCE MADERA DE ELITE
Cataluña no es climáticamente homogénea. Existe una profunda desconexión entre la percepción urbana y la realidad del territorio; una anécdota recurrente cuenta cómo algunos barceloneses sitúan los Pirineos “cerca de la Ronda de Dalt”. La realidad es que el Pirineo y el Prepirineo forman una biorregión completamente distinta a la mediterránea.
Es en este entorno único donde crecen las tres especies de madera estructural de Cataluña: el Pi Negre (pino negro), el Pi Roig (pino rojo) y el Abet (abeto). La calidad de esta madera es excepcional precisamente por las condiciones en las que crece.
La Península Ibérica, en general, es un “territorio de pinos”, por su relativa falta de agua. Esta característica alcanza su máxima expresión en el Pirineo, donde, a diferencia de los bosques del centro de Europa, ricos en agua, los árboles crecen lentamente. Este crecimiento pausado da como resultado una madera mucho más densa, que ofrece una combinación perfecta de flexión y resistencia, convirtiéndola en un material de construcción de élite.
GESTIONAR EL BOSQUE PARA MITIGAR LA SEQUIA
Aquí reside una de las paradojas más impactantes: el exceso de árboles en los bosques catalanes está contribuyendo directamente a la escasez de agua. Contrario a la creencia popular, el problema no es la falta de árboles, sino una superpoblación, especialmente de ejemplares con diámetros de entre 20 y 35 centímetros.
Esta sobreabundancia tiene una consecuencia directa y grave: la masa forestal consume una cantidad ingente de agua antes de que ésta pueda filtrarse hasta los ríos y, finalmente, llegar a embalses como el Pantà de Sau, Sant Antoni o La Baells. La conexión entre la gestión forestal y la seguridad hídrica de las ciudades es indiscutible, como resumió Sergi Sebastia:
“Gestionar el bosque, extrayendo la madera sobrante, no es solo una cuestión de salud forestal o de economía; es una de las palancas más directas y olvidadas para combatir la sequía que afecta a nuestras ciudades”.

UN FORMIDABLE OBSTÁCULO EN LA BUROCRACIA
Aunque la madera estructural de alta calidad abunda en las montañas, acceder a ella es un gran desafío. Las razones principales, según el director comercial de FUSTES SEBASTIA, son “una compleja estructura de la propiedad y una burocracia paralizante”. Mientras que el 90% de los bosques de Cataluña en su conjunto son de propiedad privada, en la provincia de Lleida, que abarca gran parte del Pirineo, la situación se invierte: el 90% de los bosques son públicos. En la práctica, esto significa que para obtener madera estructural es necesario pasar por subastas públicas. Este proceso requiere el acuerdo de múltiples estamentos de la administración: entidades municipales, diputaciones, la Generalitat y el gobierno central.
Los profesionales forestales se sienten identificados con la lucha de los agricultores que recientemente protestaron con sus tractores en Barcelona contra una carga administrativa asfixiante. “Nosaltres també som pagesos” (Nosotros también somos agricultores), declamó, demandando una simplificación para poder aprovechar un recurso local, sostenible y estratégico.
EN CATALUÑA ES POSIBLE CONSTRUIR LA MITAD DE LAS VIVIENDAS CON MADERA LOCAL
Ante la pregunta: “¿Existe suficiente madera en Cataluña para construir?”, la respuesta de Sergi Sebastia es un rotundo “Sí”. Un estudio detallado sobre la capacidad forestal del territorio revela un potencial asombroso. Con una gestión forestal adecuada, basada en ciclos de tala de 25 a 30 años, que garantizan la regeneración del bosque, Cataluña podría producir suficiente madera para construir aproximadamente el 50% de la demanda anual de obra nueva. Esta cifra se basa en un uso mixto de técnicas constructivas modernas como el CLT (madera contralaminada) y el entramado ligero.

Este dato contrasta de forma dramática con la realidad actual: el 57% de la madera estructural que se utiliza en España es importada. La dependencia del exterior no solo supone una enorme oportunidad perdida para la economía local y la creación de empleo en zonas rurales, sino que también implica una mayor huella de carbono. Utilizar madera local significa apostar por un material de proximidad que almacena CO₂ y fomenta un modelo de construcción verdaderamente sostenible.
LA MADERA “INTRATABLE” ES LA MEJOR
Una de las cualidades más sorprendentes de las maderas pirenaicas es que su superioridad natural las hace “intratables”, y esto para Sergi Sebastia es una ventaja, no un inconveniente. Especies como el Pi Negre (pino negro) y el Abet (abeto) desafían la necesidad de tratamientos químicos.
El Pi Negre, que crece a gran altitud, es tan denso (a menudo por encima de los 600 kg/m³) que los productos de tratamiento simplemente no pueden penetrar en sus fibras. Por su parte, el Abet es una especie que no se puede impregnar, porque sus fibras son paralelas y no están interconectadas.

En lugar de ver esto como una limitación, Sebastia anima a entenderlo como un indicador de su excepcional durabilidad y resistencia natural. La clave es usar la madera de forma inteligente, permitiendo que “respire”, de forma similar a como una chaqueta moderna de Gore-Tex permite la transpiración mientras que un chubasquero de plástico la bloquea. Utilizar la madera con otros materiales transpirables, en lugar de plásticos, garantiza su longevidad y un ambiente interior más saludable.
UNA LLAMADA A LA ACCIÓN
Los bosques del Pirineo catalán no son un mero paisaje, sino un recurso estratégico y vital. La madera es el único material de construcción que se puede plantar, que crece adaptado a su entorno y que, bien gestionado, es inagotable. Es, en esencia, un material mucho más inteligente que nosotros, perfeccionado durante milenios para adaptarse a las inclemencias.
Quizás la reflexión más poderosa sobre su importancia estratégica nos la ofrece Anna Ramon, del CREAF – Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales. A la pregunta de qué harán los bosques ante el cambio climático, su respuesta es tan reveladora como inquietante: “Huirán. Huirán del cambio climático colonizando los parajes más frescos y húmedos. ¿Serán los bosques lo bastante rápidos? Si viven cerca de las montañas, sí. Si viven en la llanura, no.”
“Nuestros bosques de montaña no solo guardan el secreto de un futuro más sostenible; son, en sí mismos, la vanguardia de la resiliencia. Escucharlos es nuestra mejor estrategia”, concluyó Sergi Sebastia en su magistral conferencia en el 7º Congrés FUSTA CONSTRUCTIVA.

