Cuando pensamos en muebles de alta calidad, nuestra mente suele volar hacia la perfección sin defectos. Imaginamos superficies lisas como un espejo, uniones invisibles y líneas tan rectas que parecen trazadas por un láser. Es una búsqueda de la impecabilidad, una domesticación del material hasta que no queda rastro de su origen salvaje. Asociamos el lujo con el control absoluto sobre la materia.
Nuestro encuentro en Feria Hábitat València con Paco Iniesta, un maestro artesano en su taller, rodeado del aroma a madera y aceite, destrozó esa concepción. Para él, el arte no está en borrar las huellas del tiempo o las marcas del proceso, sino en celebrarlas. Propone que la belleza más profunda se encuentra precisamente en las imperfecciones, en la historia que cuentan. Como él mismo me dijo, con una certeza tranquila, “esto no es carpintería, esto es arte”. Este artículo comparte las cinco lecciones de nuestro encuentro, que cambiarán tu forma de ver la madera para siempre.
1. La raíz invertida: Cuando lo descartado se convierte en el centro de todo
La mayoría de los artesanos descartan la raíz de un árbol. Pero Paco Iniesta la ve como un tesoro tempestuoso. Su oportunidad llegó gracias a un huracán que recientemente azotó Francia, derribando árboles monumentales y dejando al descubierto sus cimientos. En lugar de ver un desastre, vio una materia prima única.

En una de sus creaciones más espectaculares, toma una de estas raíces inmensas, la invierte y la convierte en el tablero de una mesa, usando una sección del tronco como base. No solo eso, sino que la ilumina desde dentro para crear “un ambiente alucinante”. Su filosofía no es forzar un diseño, sino dialogar con el hallazgo. Es una lección sobre encontrar la grandeza donde otros solo ven desecho.
“… Yo con lo que tengo, compongo… el producto me lleva a crear la pieza”, nos transmite.
2. La belleza está en la grieta: No ocultes las cicatrices, celébralas
Paco me mostró una mesa de iroko que se había abierto, formando una profunda grieta. La reacción instintiva sería encolarla, ocultar la ‘falla’. Él hizo todo lo contrario. Tomó la grieta y, en un acto de valentía creativa, la rompió aún más. “Yo la he abierto, la he roto”, me confesó. Luego, pulió con esmero los bordes interiores y los ‘cosió’. visiblemente con pequeños tacos de madera. Este acto transforma un supuesto defecto en el rasgo más honesto y cautivador de la pieza. La cicatriz no se oculta; se convierte en un adorno que narra la historia viva de la madera, una declaración de naturalidad.

3. Forjado en fuego: La alquimia de la mesa “Picasso”
Una de sus piezas más dramáticas, la mesa ‘Picasso’, nace de un acto de alquimia pura y violenta. El proceso comienza carbonizando la superficie con fuego. El aire se llena del olor a madera quemada mientras la capa exterior se ennegrece. Después, Paco utiliza rodillos especiales para lijar y arrancar el carbón superficial, revelando la veta de una forma imposible de lograr de otro modo. Finalmente, vuelve a carbonizarla para fijar una textura increíble. Su objetivo: “Conseguir una textura similar a la piel de los animales”. Esta técnica, que podría parecer destructiva, es en realidad un acto de creación que dota a la madera de un carácter primitivo y una profundidad táctil que ningún barniz podría soñar con imitar.
4. El sello de la sierra: La perfección de lo auténtico
En una era de superficies anónimas y perfectamente lisas, este artesano toma una decisión radical: deja visibles las marcas del paso de la sierra por la madera. Esos pequeños escalones y surcos que deja la hoja de la sierra al cortar los troncos no son un defecto a eliminar, sino su firma. En lugar de lijarlos hasta el olvido, los pule de tal forma que se mantienen presentes, convirtiendo el corte de la sierra en un acto de autoría. Son un testimonio honesto del proceso, la huella dactilar que distingue su trabajo del producto masificado y sin alma.

5. El secreto para dominar la madera (que los carpinteros no saben)
Esta última lección es la que sostiene a todas las demás. Su audacia artística no es un capricho, sino que se cimienta en un conocimiento técnico profundo, nacido de resolver problemas reales. “La gente se me queja”, explica, refiriéndose a cómo las mesas macizas se abrían al llegar al clima seco de Madrid. Su solución, un secreto que la mayoría de carpinteros ignora, es realizar una serie de cortes de 4 cm de profundidad cada 5 cm en la parte inferior de la mesa. Así consigue “matar los nervios” de la madera, liberando la tensión interna. Para probar su eficacia, dejó una mesa tres meses a pleno sol. El resultado: Ni una sola grieta.

Es este dominio absoluto del oficio, esta maestría técnica, lo que le da la confianza para romper, quemar y celebrar el material, elevando su trabajo de la carpintería al arte.
ESCUCHAR A LA MADERA
La filosofía de este maestro artesano se puede resumir en una idea central: el verdadero arte no consiste en imponer una voluntad sobre el material, sino en escucharlo, entender su naturaleza y colaborar con él para revelar la belleza que ya posee.
Sus piezas no son solo objetos; son diálogos entre la fuerza de la naturaleza y la sensibilidad de la mano humana. Nos enseñan que las grietas, las marcas y las ‘imperfecciones’ no son errores, sino las palabras con las que la madera cuenta su propia historia.
En un mundo que persigue una perfección pulida e industrial, ¿qué belleza podríamos estar ignorando en las imperfecciones que nos rodean?

