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La revolución silenciosa del chopo en Granada

Chopo: ¿Mereció la pena?

A menudo, cuando pensamos en la innovación en el campo o la gestión de nuestros bosques, imaginamos procesos lentos, anclados en la tradición y desconectados de la vanguardia tecnológica. Solemos creer que para proteger un bosque, lo mejor es no tocarlo, y que la industria de alto valor pertenece exclusivamente a los grandes núcleos urbanos.

Sin embargo, en la Vega de Granada, un proyecto centrado en la bioeconomía del chopo está desmontando estas ideas una por una. Lo que comenzó como una iniciativa para revalorizar un recurso local se ha convertido en un caso de estudio que ofrece lecciones sorprendentes sobre ecología, industria avanzada y desarrollo rural. Este proyecto demuestra que, a veces, las soluciones más innovadoras no vienen de fuera, sino de redescubrir el potencial que tenemos delante.

A continuación, exponemos cuatro descubrimientos impactantes que han surgido del proyecto LIFE Madera para el Futuro, cuyos resultados y conclusiones fueron presentados el pasado martes en Granada, revelando un nuevo paradigma que conecta de forma inesperada la conservación de los montes con la construcción de edificios, la biodiversidad con los cultivos comerciales y a los propietarios del bosque con la industria del futuro.

PARA SALVAR EL BOSQUE, A VECES HAY QUE GESTIONARLO (Y TALARLO)

La idea de que para conservar un monte hay que talar árboles puede sonar contradictoria, pero es una de las claves para entender la silvicultura. Muchos de nuestros montes sufren de “congestión forestal”, como expresó en su magnífica exposición el catedrático Antolino Gallego, coordinador del proyecto LIFE Madera para el Futuro. Un exceso de biomasa y árboles que, lejos de ser un signo de salud, crea un polvorín que dispara el riesgo de grandes incendios forestales. La gestión forestal, que implica clareos y talas selectivas, es fundamental para prevenirlo, pero tiene un coste elevado.

El catedrático Antolino Gallego, coordinador del proyecto LIFE Madera para el Futuro

La solución económica que propone este proyecto es brillante en su simplicidad: crear productos de alto valor añadido con esa madera. Al desarrollar vigas y otros elementos estructurales para la construcción, se genera la rentabilidad necesaria para financiar la gestión de los montes. De repente, una actividad que era un gasto se convierte en una inversión sostenible. La madera de pino de los montes cercanos, que antes se destinaba a productos de bajo valor como palés y embalajes o incluso pellets, ahora se combina con el chopo para fabricar productos de vanguardia.

Antolino Gallego, catedrático en la Universidad de Granada: ”Talar árboles en el monte también es conservar el monte”

Este enfoque transforma por completo nuestra percepción. Cada viga que se utiliza en un edificio no solo almacena carbono, sino que también ha contribuido a financiar la limpieza y el cuidado de un bosque, haciéndolo más resiliente al fuego. Es la materialización de la idea de que “construir con madera apaga incendios”, alineando por fin los intereses económicos de la industria con la conservación del medio ambiente.

LA MADERA LOCAL ES MÁS FUERTE QUE LA IMPORTADA

Otro paradigma que ha caído es el de la inferioridad de los recursos locales frente a los importados. El proyecto de Granada no ha generado una, sino un porfolio de innovaciones estructurales que demuestran que es posible superar los estándares europeos con recursos propios. Se han desarrollado dos productos de vanguardia: las “vigas laminadas mixtas de chopo y pino” y una innovadora “losa mixta de madera y hormigón”.

El avance tecnológico de las vigas mixtas es rotundo: tras una exhaustiva caracterización, alcanzan una resistencia clasificada como GL26C, una categoría superior a la de muchas de las vigas de abeto que se importan masivamente desde Centroeuropa. Por su parte, la losa mixta representa una alianza estratégica con el sector del hormigón, reduciendo el peso y la huella de carbono de las estructuras tradicionales.

Ambos logros son tan innovadores que fue necesario desarrollar para cada uno un Documento de Idoneidad Técnica Europeo (ETA), un complejo proceso que valida su uso a nivel continental y otorga el marcado CE. Esta doble certificación oficial da a arquitectos y constructores la total tranquilidad para prescribirlos. Y no son solo teoría: estas innovaciones ya están en el mundo real, dando forma a una vivienda unifamiliar en Granada, promovida por Bonsai Arquitectos, y protagonizando la espectacular rehabilitación del Pazo Piñeiro en Galicia.

LAS CHOPERAS COMERCIALES SON “PALACIOS DE PÁJAROS”

La visión tradicional de los cultivos agrícolas es la de un “desierto biológico”. Sin embargo, cuando los científicos del proyecto midieron de forma rigurosa el impacto de las choperas, se encontraron con una revelación asombrosa. El estudio no solo cuantificó la biodiversidad, sino todo un abanico de servicios ecosistémicos: el poder de las choperas para descontaminar el aire, absorber CO₂, filtrar aguas regeneradas para proteger el acuífero y rebajar la temperatura ambiental.

Pero fue en la biodiversidad donde los resultados mostraron una “goleada abrumadora”. Al comparar la abundancia de aves, mariposas e insectos en las choperas con la del resto de cultivos de la vega, la diferencia era espectacular a favor de los chopos. Lejos de ser un entorno estéril, las choperas funcionan como auténticos refugios de vida. “Llevaba razón Federico García Lorca cuando decía que las choperas eran palacios de pájaros y eso hay que ponerlo en valor”, apuntó Antolino Gallego.

Este hallazgo, que confirma poéticamente la visión del poeta de la Vega, demuestra que la producción comercial y la conservación de la biodiversidad no tienen por qué ser excluyentes. Un cultivo bien gestionado puede convertirse en un aliado clave para la fauna local, creando corredores ecológicos y hábitats vitales. Si las choperas desaparecen, con ellas se irían también sus valiosos inquilinos.

LOS DUEÑOS DEL BOSQUE SE CONVIERTEN EN LOS DUEÑOS DE LA INDUSTRIA

Quizás el cambio más transformador no es tecnológico ni ecológico, sino social y económico. Tradicionalmente, los propietarios forestales venden la materia prima a un precio bajo, mientras la industria captura la mayor parte del beneficio. El proyecto de Granada da un giro de 180º a este modelo.

Como resultado directo de la investigación, se ha creado Iberolam, una spin-off de la Universidad de Granada. Esta empresa, que ha recibido un millón de euros de financiación de Andalucía Trade y cuenta con un capital social de unos 600.000 euros, representa un cambio de paradigma. Lo verdaderamente revolucionario es su estructura accionarial: de sus 63 socios, la gran mayoría son los propios propietarios forestales, los dueños de los chopos y los pinos. Por primera vez, los productores de la materia prima pasan a ser también los industriales.

La visión de futuro es ambiciosa y está anclada localmente. Iberolam planea construir la primera fábrica de vigas laminadas del sur de España en Valderrubio, cuna de Lorca. Este centro industrial formará parte de un eje en la Vega de Granada, que se complementará con un centro de I+D en la recuperada Azucarera de San Isidro y un centro de formación en la Azucarera de Santa Fe. Este modelo tiene un poder inmenso para generar un desarrollo rural sostenible, creando riqueza y empleo cualificado que echa raíces profundas en la comunidad.

UN NUEVO PARADIGMA DESDE LO LOCAL

El proyecto de la bioeconomía del chopo en Granada demuestra ser mucho más que una simple iniciativa forestal. Es un modelo integral de innovación que teje, con una lógica impecable, la salud de los ecosistemas con una industria de vanguardia, y el desarrollo tecnológico con la justicia social para el mundo rural. Nos enseña que gestionar un bosque puede ser la mejor forma de protegerlo, que los recursos locales pueden superar a los importados, que los cultivos comerciales pueden ser oasis de biodiversidad y que los dueños de la tierra pueden y deben ser los protagonistas de su futuro industrial.

Este caso de éxito nos deja una reflexión final, una invitación a mirar nuestro entorno con otros ojos. ¿Cuántas otras soluciones a grandes problemas se esconden a plena vista en nuestros paisajes locales, esperando ser redescubiertas?

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